Hace poco, y motivada por mi intuición, decidí leer en una revista
(Housekeeping-Oct., 2011) una entrevista a la popular estrella de televisión y comediante Ellen DeGeneres. En un párrafo de la entrevista, Ellen se refiere al nivel de sensibilidad y percepción que ella tenia, desde muy joven, frente a las situaciones que le rodeaban; y dice así: “[en casa] todo estaba bien todo el tiempo… [y]… yo estaba como ¿en serio? No lo parece.”
Esta descripción que hace Ellen nos habla de su capacidad, ya evidente en ese entonces, para percibir situaciones que otros no perciben tan fácilmente, a pesar de estar viviendo en el mismo ambiente. Me atrevo a sugerir que esa extraordinaria sensibilidad es lo que hace de ella en estos momentos una de las personalidades más importantes, admiradas, y queridas en Norteamérica.
Bueno, volviendo al tema central, la experiencia que describe Ellen con su entorno me hizo recordar de pronto a ese grupo de seres humanos, de cualquier edad, género, o condición socioeconómica, que han desarrollado un nivel más elevado de sensibilidad o percepción (sensorial o extrasensorial) con su medio ambiente, y que en lugar de que sus observaciones sean estimuladas y/o apreciadas, muchas veces son ignoradas y hasta criticadas muy duramente, desconociendo quizás el beneficio que esas habilidades podrían traer, no solo al individuo, sino también al grupo.
En mi opinión, esta reacción poco positiva de muchas personas a habilidades como la intuición, la empatía, la percepción elevada o extra-sensorial, etc. se debe en buena parte a que por mucho tiempo, y erróneamente, la ciencia y la educación han dado énfasis a un concepto de inteligencia que favorece más a la habilidad de la mente racional y verbal, a la capacidad de procesar información y resolver problemas de una forma concreta, analítica, y lógica (tareas predominantes del hemisferio izquierdo del cerebro), en desmedro de la capacidad intuitiva, perceptiva, emotiva, y holistica del cerebro (tareas predominantes del hemisferio cerebral derecho). Pero ahora esta situación está cambiando muy fuertemente en nuestra sociedad. Primero, debido a las investigaciones y conclusiones en neurociencia conducidas por el Premio Nóbel en Fisiologia-Medicina de 1981, Roger W. Sperry, y luego por investigaciones en las ciencias sociales y del comportamiento conducidas por P. Salovey, D. Mayer, A. Damasio, y especialmente Daniel Goleman, quienes desde la década de los noventa comenzaron a revolucionar el mundo con una nueva teoría sobre la inteligencia emocional y social, y la importancia de las emociones y sentimientos; atreviéndose incluso a decir que la inteligencia emocional es tan o más importante que el cociente de la inteligencia intelectual. Según estos científicos las emociones y sentimientos regulan no solo las relaciones interpersonales, la toma de decisiones, y el control de los impulsos, sino además son un factor decisivo en el éxito de los líderes.
Si tú eres parte de ese grupo para quien la sensibilidad representa un regalo divino para impulsarnos a crear una vida y un mundo mejor, te recomiendo que sigas desarrollando esas habilidades; claro, sin olvidar tu hemisferio izquierdo; pues como dice Daniel Pink en su popular libro “A Whole New Mind” el futuro le pertenece a “un nuevo tipo de persona con un nuevo tipo de mente.” En otras palabras, el nuevo mundo le pertenece a aquellos seres con un buen nivel de inteligencia emocional y conocimiento intelectual, con un buen nivel de empatía, intuición, y creatividad, y con habilidades para analizar el contexto, el significado y el propósito de las cosas; ya que la ciencia, la educación, la economía y la sociedad en general se encaminan hacia ese rumbo.
Picture reprinted with permission of Keith Milsom (anythinglefthanded.co.uk)

Magnifico tu articulo, lo encontre buscando iformacion sobre Daniel Pink
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Gracias Georgi, espero te haya servido en algo para responder tus inquietudes. Luego de una larga travesia, estoy te regreso para seguir compartiendo mas informacion sobre como construir una mejor vida. Saludos,
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